Preocuparse no quita los problemas de mañana, solo quita la paz de hoy

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Te pasas la vida pensando en lo que puede salir mal mañana, en escenarios que todavía no existen, en cargas que aún no te corresponden. Y mientras tu mente corre hacia el futuro, tu corazón se queda sin paz hoy.  Jesús nunca te pidió que vivieras adelantado al dolor, te invitó a confiar, a descansar, a vivir un día a la vez, cuando dijo no se afanen por el mañana porque el día de mañana traerá su propio afán, basta a cada día su propio mal Mateo 6:34. La preocupación no te protege, solo te roba la calma, la fe y la fuerza para enfrentar lo que sí está pasando ahora.  Hoy puedes elegir soltar, respirar y creer que Dios ya está en ese mañana que tanto temes. Cuando confías, no es que los problemas desaparecen, es que ya no caminas solo cargándolos.

Solamente Dios puede obrar



“¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: Gracia, gracia a ella” 
Zacarías 4: 7.


En esta hora un gran monte de dificultad, de calamidad o de necesidad podría aparecerse en nuestro camino, y la razón natural no ve manera de remontarlo, ni atravesarlo, ni rodearlo.

Sólo dejen que la fe intervenga, y al instante el monte desaparecerá y se reducirá a llanura.

Pero la fe debe oír primero la palabra del Señor: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” Esta grandiosa verdad es una necesidad fundamental para enfrentarse a las insuperables pruebas de la vida. Yo veo que no puedo hacer nada, y que toda confianza en el hombre es vanidad.

“No con ejército.” Yo veo que no se puede confiar en ningún medio visible, sino que la fortaleza está en el Espíritu invisible.

Solamente Dios puede obrar, y los hombres y los instrumentos son algo con los que no se puede contar.

Si es así, si el Dios Todopoderoso asume los asuntos de Su pueblo, entonces los grandes montes no son nada.

Él puede quitar mundos así como los niños empujan los balones, o los patean con su pie.

Él me puede proporcionar este poder.

Si el Señor me pide que quite un monte de los Alpes, yo puedo hacerlo mediante Su nombre.

Podría ser un gran monte, pero incluso delante de mi debilidad será reducido a una llanura; si el Señor lo ha dicho, ¿qué podría temer si cuento con Dios de mi lado?



Charles Spurgeon

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