Preocuparse no quita los problemas de mañana, solo quita la paz de hoy

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Te pasas la vida pensando en lo que puede salir mal mañana, en escenarios que todavía no existen, en cargas que aún no te corresponden. Y mientras tu mente corre hacia el futuro, tu corazón se queda sin paz hoy.  Jesús nunca te pidió que vivieras adelantado al dolor, te invitó a confiar, a descansar, a vivir un día a la vez, cuando dijo no se afanen por el mañana porque el día de mañana traerá su propio afán, basta a cada día su propio mal Mateo 6:34. La preocupación no te protege, solo te roba la calma, la fe y la fuerza para enfrentar lo que sí está pasando ahora.  Hoy puedes elegir soltar, respirar y creer que Dios ya está en ese mañana que tanto temes. Cuando confías, no es que los problemas desaparecen, es que ya no caminas solo cargándolos.

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11:1




Si creemos que Dios es quien Él dice ser, y que hará lo que ha prometido, ¿por qué dudamo en nuestras oraciones? En vez de ejercer una fe audaz, venimos al Señor “con la esperanza” de que nos escuchará y responderá nuestras peticiones, pero sin la confianza de que lo hará. Con esta manera de pensar no podemos esperar recibir nada de Él.


Una razón por la que somos tan propensos a dudar, es que no somos capaces de ver a Dios obrando en nuestras circunstancias. Le pedimos, y no pasó nada. Pero el Señor no es un camarero de restaurante que salta a hacer lo que le pedimos. Él ve el pasado, el presente y el futuro, y sabe el momento adecuado para cada respuesta. 

Su mano ya está en acción en beneficio nuestro, disponiendo las situaciones para llevar a cabo su voluntad, abrir los corazones, y prepararnos para recibir lo que Él quiere dar.

Otro motivo de incertidumbre es la ignorancia. Si no conocemos los caminos del Señor, nos sentiremos decepcionados por su respuesta. Muy a menudo nuestras oraciones están acompañadas de expectativas de cómo va Él a actuar. Por eso, cuando Él no interviene de acuerdo con nuestro plan o con el método que esperábamos, comenzamos a dudar. Pero poner nuestra fe en el Señor y confiar en sus caminos buenos y perfectos nos da estabilidad mientras esperamos su respuesta.

Para vencer las dudas dedique tiempo para aprender los principios y los caminos de Dios. Entonces comenzará a entender lo que Él quiere lograr en su vida. Examine su pasado desde una perspectiva bíblica; su fe crecerá cuando vea las maneras inesperadas como el Señor respondió sus oraciones.


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