Preocuparse no quita los problemas de mañana, solo quita la paz de hoy

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Te pasas la vida pensando en lo que puede salir mal mañana, en escenarios que todavía no existen, en cargas que aún no te corresponden. Y mientras tu mente corre hacia el futuro, tu corazón se queda sin paz hoy.  Jesús nunca te pidió que vivieras adelantado al dolor, te invitó a confiar, a descansar, a vivir un día a la vez, cuando dijo no se afanen por el mañana porque el día de mañana traerá su propio afán, basta a cada día su propio mal Mateo 6:34. La preocupación no te protege, solo te roba la calma, la fe y la fuerza para enfrentar lo que sí está pasando ahora.  Hoy puedes elegir soltar, respirar y creer que Dios ya está en ese mañana que tanto temes. Cuando confías, no es que los problemas desaparecen, es que ya no caminas solo cargándolos.

La consagración es una actitud que busca agradar al Señor

La Disciplina y la Consagración

1 Timoteo 4:7-10

Aunque Muchas personas anhelan ser disciplinadas, luchan por lograrlo. Vemos esta virtud promovida por profesionales de la salud que nos exhortan a hacer ejercicio con regularidad, ingerir alimentos saludables y dormir lo suficiente. El mundo empresarial dicta seminarios para ayudarnos a establecer metas y trabajar para lograrlas, y los asesores financieros nos aconsejan controlar los gastos.

Piense en todas las ventajas de la disciplina personal: nos impulsa y nos llena de satisfacción, nos ayuda a sentirnos menos estresados y a mejorar nuestra salud. Sin embargo, el apóstol Pablo afirma que “el ejercicio corporal para poco es provechoso”, porque es solo para esta vida. Lo que el apóstol encuentra mucho más valioso es la disciplina que conduce a la consagración, “pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Ti 4.8).
La consagración es una actitud que busca agradar al Señor. Está de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, y fluye del conocimiento de la verdad como está revelada en la Biblia. Por tanto, debemos saber lo que Dios ha dicho, lo que desea, y lo que espera de nosotros en relación a nuestro carácter y conducta.
La disciplina espiritual requiere que hagamos de la lectura, el estudio y la meditación en las Sagradas Escrituras una prioridad. Significa negarnos a satisfacer los deseos e impulsos pecaminosos, en obediencia al Señor. El resultado será una vida transformada a semejanza de Cristo, una conciencia limpia y un espíritu gozoso y pacífico. En realidad, los beneficios se extienden aun más. Esta vida terrenal es un simple respiro en el tiempo, pero la consagración a Dios nos acompaña al cielo y nos conduce a la recompensa eterna de haber vivido para Cristo.
Fuente: encontacto

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