Preocuparse no quita los problemas de mañana, solo quita la paz de hoy

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Te pasas la vida pensando en lo que puede salir mal mañana, en escenarios que todavía no existen, en cargas que aún no te corresponden. Y mientras tu mente corre hacia el futuro, tu corazón se queda sin paz hoy.  Jesús nunca te pidió que vivieras adelantado al dolor, te invitó a confiar, a descansar, a vivir un día a la vez, cuando dijo no se afanen por el mañana porque el día de mañana traerá su propio afán, basta a cada día su propio mal Mateo 6:34. La preocupación no te protege, solo te roba la calma, la fe y la fuerza para enfrentar lo que sí está pasando ahora.  Hoy puedes elegir soltar, respirar y creer que Dios ya está en ese mañana que tanto temes. Cuando confías, no es que los problemas desaparecen, es que ya no caminas solo cargándolos.

Hacedlo todo para la gloria de Dios!!


¡Todavía humano!

"...Hacedlo todo para la gloria de Dios", 1Co_10:31

Las Escrituras enseñan que el gran milagro de la encarnación le da paso a la vida común y corriente de un niño, que el milagro de la transfiguración se desvanece en el valle del endemoniado y que la gloria de la resurrección desciende hasta un desayuno en la playa. Estos son los decepcionantes finales de unos hechos impresionantes. Son una gran revelación de Dios. 

Somos propensos a buscar lo maravilloso en nuestras experiencias. Confundimos las acciones heroicas con los héroes reales. Una cosa es pasar triunfalmente por una crisis y otra muy distinta estar todos los días glorificando a Dios cuando no hay testigos, ninguna exhibición pública, nadie que nos preste la menor atención.

Si no queremos aureolas, por lo menos deseamos algo que le haga decir a la gente: "¡Este es un maravilloso hombre de oración!" 0, "¡ella es una mujer muy piadosa y devota!" Si estas consagrado al Señor Jesús de una manera adecuada, haz llegado a la sublime altura donde nadie piensa en prestarte atención. 

Lo único que se nota es que el poder de Dios fluye a través de ti todo el tiempo. Nos gustaría decir: “¡Oh, he recibido un asombroso llamado del Señor!” 
Pero se necesita la omnipotencia del Dios encarnado obrando en nosotros para glorificarlo hasta en el trabajo mas humilde. Necesitamos el Espíritu para ser tan absoluta y humanamente suyos, que pasemos desapercibidos por completo. La verdadera evidencia en la vida de un creyente no es el éxito, sino la fidelidad en el nivel humano de la vida.

Establecemos como meta el éxito en la obra cristiana; pero el verdadero objetivo debe ser manifestar la gloria de Dios como personas, vivir una vida escondida con Cristo en Dios en nuestras circunstancias humanas cotidianas. 
Nuestras relaciones humanas son las condiciones reales en las que la vida ideal de Dios debe manifestarse.

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