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Junio 18
No es hora de pensar sino de ponerte en
camino
"Y
descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al
ver el fuerte viento, tuvo miedo", Mateo 14:29-30
El viento era en verdad borrascoso y las olas muy altas, pero
Pedro no los vio al comienzo, ni los tuvo en cuenta en absoluto.
Sencillamente reconoció a su Señor, descendió y andaba sobre las aguas.
Un poco después empezó a contemplar la situación real y se hundió de inmediato.
¿Por qué nuestro Señor no le dio la capacidad de caminar en lo más bajo de las
olas al igual que por encima de ellas? El habría podido hacerlo. Sin embargo,
ni lo uno ni lo otro podía suceder sin que Pedro reconociera continuamente al
Señor Jesús.
Nosotros caminamos con determinación y confianza en Dios en algunos
asuntos, pero luego le damos cabida a nuestras reflexiones personales y nos
hundimos. Si verdaderamente estás reconociendo a tu Señor, no es de tu
incumbencia la manera ni el lugar hacia donde Él dirige tus circunstancias. Las
situaciones que te rodean son reales, pero tan pronto las miras, te hundes.
Entonces, ni siquiera puedes reconocer a Jesús y viene su reprensión:
"¿Por qué dudaste?" Mateo 14:31. Sin importar cuáles sean las circunstancias reales, sigue
reconociendo a Jesús, es decir, mantén una completa dependencia de Él.
Si comienzas a discutir por un instante cuando Dios ha hablado,
estás acabado. Nunca te preguntes: "¿Me habló realmente?" Sé audaz y
actúa de inmediato (con plena libertad y dispuesto a arriesgarlo todo) y arrójalo
todo sobre Él. Tú no sabes cuándo oirás su voz, pero siempre que la escuches,
aunque sea de la manera más débil imaginable, abandone total e
incondicionalmente a Él. Es sólo mediante la entrega de ti mismo y de tus
circunstancias que lo reconoces a Él. Solamente reconocerás su voz de una
manera más clara si eres arriesgado y estás dispuesto a rendirlo todo.
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